Surfeando el escenario
El escenario también se ensaya.
En casi todos los conservatorios hay algo de lo que apenas se habla. El miedo escénico, el que aparece ante el escenario y ante el público, existe entre músicos, intérpretes, actores y ponentes desde que existe la profesión. Y sin embargo sigue siendo un tema incómodo, del que muchas veces ni el propio profesorado sabe cómo hablar.
El problema no es que exista, sino qué hacemos con él
El miedo escénico no es el problema en sí; el problema es qué hacemos con él. Cuando hablo con docentes, sobre todo músicos, muchos me dicen lo mismo: «¿qué te voy a contar, si yo estoy igual?». Y es lógico: a nadie le enseñaron a manejar el miedo escénico, ni el suyo ni el de su alumnado. No es un fallo del profesorado, es que el escenario, psicológicamente, nunca formó parte del temario.
El miedo es universal; lo que cambia es a qué le tememos
Cada instrumento es un universo distinto: la técnica, el repertorio, la forma de estudiar, todo cambia de uno a otro. Y sin embargo, en lo que toca al miedo escénico, todos comparten un patrón muy parecido, porque el miedo funciona por debajo con las mismas reglas. Casi todos los mamíferos reaccionamos igual ante él; lo único que cambia es a qué le tenemos miedo: al error, a la mirada del público, a que la obra no emocione lo suficiente. Y cuando ese miedo se une a una tendencia al perfeccionismo que se refuerza ensayo tras ensayo, puede llegar a incapacitar a un músico o a un actor durante años, e incluso alejarlo de la profesión.
Entender la clínica y también la profesión
Además, el miedo escénico está muy mal visto entre artistas, y eso hace que quien lo sufre sienta culpa, ansiedad y frustración, lo que añade aún más presión en lugar de aliviarla. Por eso en Surfeando el escenario no nos quedamos en la parte clínica del miedo: entendemos también la parte más profunda, las dificultades reales de la profesión musical y de la docencia. En esto es imprescindible Elena Aguilar Gasulla, profesora del conservatorio y parte del equipo.
Un sistema 360, dentro y fuera del conservatorio
El músico no solo se enfrenta al miedo en el aula. Fuera del conservatorio, la familia suele ser su mayor aliada y, a la vez, una dificultad cuando no se entiende cómo funciona su mente: cómo se manifiesta el perfeccionismo, a qué áreas afecta o cómo estar al lado de un hijo o una hija el día del concierto y en los meses previos.
Por eso Surfeando el escenario no es solo un programa, es un sistema 360 que trabaja todas las esferas que importan para el músico, el actor y el ponente (personal, familiar, contextual, docente e institucional), con módulos diferenciados para alumnado, profesorado y familias. Lo he aplicado en el Conservatorio de Castellón con resultados muy favorables.
¿Eres un conservatorio o una institución y quieres abordar el miedo escénico en serio? Hablemos.
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